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Pello Osoro sobre su última carrera en China: "Ha conseguido que pierda los papeles en más de una ocasión"

Pello Osoro, junto a Enara Oronoz, era el primer triatleta nacional en abrir la temporada 2020.

Lo hacía en China, el pasado 4 de enero, en la Copa del Mundo de Harbin y en una disciplina tan exigente como es el triatlón de invierno, en la que es el vigente Campeón de España.

"Después de 36h llego a Harbin" escribía el 2 de enero en su cuenta de Instagram. "Decepcionado y sin ganas de nada". Hoy, casi dos semanas después, el de Orca ha publicado en su blog personal la crónica de lo vivido en tierras asiáticas, de donde se volvió con una meritoria y luchada octava plaza.

Llegar a China, ya todo un éxito

"Esta carrera ha conseguido que pierda los papeles en más de una ocasión" comienza el vasco. "Una semana más tarde aún tengo dudas de si ha merecido la pena o no, lo cual es algo muy raro y demuestra que fue realmente duro".

Con apenas mes para preparar la prueba, desde que el 27 de noviembre recibiese la invitación por parte de la Federación Internacional, la burocracia fue el primero de los muros a los que tuvo que hacer frente: hasta en tres ocasiones tuvo que solicitar el visado necesario para viajar a China. "Al final con la tontería me planto a 18 de diciembre, sin Vuelo, sin saber cómo llevar bici ni esquís y sin confirmar que día llegaremos al hotel".

Con unas vacaciones de navidad de por medio, y la prueba el 4 de enero, la moral de Pello comenzaba a deteriorarse. "Me sentía bastante solo en aquel jaleo y lo peor de todo que los de casa siendo los únicos que me ayudaban en todo eran los que sufrían la tensión absurda que generaba yo solito".

El vuelo, una odisea

Llegar a Harbin, en el norte del país, no es en absoluto fácil: son más de 1.200 kilómetros desde Pekín. La ciudad, para ubicarse, está más cerca de Vladivostok o Pyongyang que de la propia capital del país.

Finalmente la escala escogida por Pello es Bilbao - Amsterdam - Pekín - Harbin. "El 1 de enero me comunican en Bilbao que al entrar en China tengo que volver a facturar todo el equipaje".

Teniendo en cuenta que viajaba con bicicleta, esquís y todo el material de competición, los nervios vuelven a aflorar, hasta que termina perdiendo el último de los vuelos. "Nadie sabe inglés y estoy en el aeropuerto sin poder moverme".

"35 horas mas tarde de salir de Eibar aterrizo en Harbin", continúa su relato. "Con unas ganas terribles de llegar al hotel y meterme en la cama me dicen que tenemos que esperar a Enara, Urruti y el equipo Italiano".

La carrera en sí, durísima

El 3 de enero Pello vio que el tema de la temperatura -hasta veinte grados bajo cero- iba a ser el más difícil de gestionar. "Para el día de la carrera decido que lo mejor es cubrirse la cara con esparadrapo", escribe. "Pareces tonto perdido, pero las cosas como son, me parece práctico".

Incapaz de poder reconocer el terrreno -"nadie tiene claro por dónde es", se le puede leer- se planta el día de la prueba con ganas de competición, pero rápidamente aquello va a tornar complicado: "Salimos a por el autobús que nos lleva a la zona de carrera. Veo que el tiempo pasa y la cosa no fluye, no hay sitio para ir y la bici entra muy malamente".

Al final, opta por meter la mochila y los esquís y hacer los cuatro kilómetros hasta la salida en bicicleta. Lo que, como escribe, en otra competición hubiera sido lo más lógico, "aquí es un suicidio".

"Llego a la transición sin sentir ni las manos ni los pies".

A partir de ahí, y tras una auténtica odisea que le ha llevado desde Eibar a la otra punta del planeta, comienza la prueba: carrera a pie, bicicleta de montaña y último segmento de esquí.

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Foto: ITU Media

"Los primeros metros no me siento muy cómodo, pero poco a poco voy entrando en calor y pasando gente". A la T1, tras siete kilómetros con zapatillas de clavos, llega en el segundo grupo, junto a los rusos.

"Se veía imposible ponerme el casco. Desesperación absoluta, ni siquiera consigo quitarme los guantes". Al final, dos minutos de transición, cuando el resto de rivales apenas necesitaron uno.

Perdido el grupo de cabeza, tocaba ir a remolque, aunque el terreno no ayudaba en absoluto: "Primera curva congelada y al suelo directo".

Pese a todo, la T2 la alcanzaba con opciones de pelear por los puestos de honor, dentro del TOP10. Pero otra desquiciante transición vuelve a echar al traste las opciones de remontada: "Por si fuera poco, no consigo volver a ponerme el guante. Con la desesperación, decido jugármela y salir a esquiar solo con uno".

En acción, el frío parece menos: "Consigo recuperar dos puestos y me dicen que soy octavo en meta. Con un mal sabor de boca terrible por las transiciones, pero sabiendo que en lo deportivo ha sido una muy buena carrera".

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Foto: Pello Osoro

La odisea no acababa en meta

"A unas tres horas de terminar la carrera en la ducha me empiezo a dar cuenta de que había liado una buena" concluye Pello. "Empiezan a reaccionar las manos, no es que no tuviese frío directamente no sentía nada".

A fecha de hoy, nueve días más tarde, de hecho aún no ha recuperado la sensibilidad. "Tiene muy buen aspecto ya, pero tengo la piel durísima y no sé si me tengo que preocupar".

La vuelta a casa fue el 6 de enero, con dos últimos e inesperados regalos. Tras pagar 526 euros por facturar bicicleta y esquís, y treinta y dos horas de vuelta a casa, al llegar a Bilbao, sin noticias del equipaje.

Inevitable acordarse en momentos así de Pablo Dapena, como contaba en twitter hace unos días. "Lo primero que pensé fue 'pobre Pablo, siempre así' pero no quería sacarle el tema que ya estará contento".

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