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Por qué los entrenamientos duros hacen que duermas peor

Ya lo hemos dicho en más de una ocasión: dormir bien es esencial para una buena recuperación después de un intenso ejercicio. Si dormimos mal, el efecto del entrenamiento no será el mismo.

Sin embargo, puede que en determinados entrenamientos, sobretodo de gran intensidad, traigamos un compañero no deseado en la mochila de la sesión: problemas para dormir a posteriori.

Resulta cuando menos paradójico: después de estas sesiones intensas, lo normal es pensar que vas a tener un sueño profundo y de buena calidad, pues has terminado cansado y el cuerpo pide a gritos tumbarse y descansar. Y qué mejor que hacerlo en la cama, ¿verdad?

Pues no: tal como han demostrado algunas investigaciones realizadas al respecto, los problemas para dormir son frecuentes después de entrenamientos de alta intensidad.

Pero algunas investigaciones sostienen que esto no es así y que, por el contrario, dormir mal es bastante frecuente después de entrenamientos de alta intensidad.

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Foto: Envato Elements

Uno de los estudios que se han desarrollado indica que también los períodos cortos de entrenamientos duros podrían interferir negativamente en el sueño, además de interferir sobre la propia salud.

Desarrollado por la Dra. Jinger Gottschall, este estudio determinó que en volúmenes de entre ocho y diez horas de entrenamiento semanales, bastantaban entre 30 y 40 minutos de alta intensidad para tener problemas de sueño.

Por qué dormimos mal después del entrenamiento

Entonces, ¿por qué ese mal descanso cuando nuestro cuerpo lo que necesita es dormir? Pues bien, esto podría ser una señal de que deberías reducir la carga de entrenamiento que estás realizando.

Una de las investigaciones realizadas analizó el impacto del aumento de la intensidad de ejercicio sobre el sueño y las posibilidades de enfermar por resfriados o similares.

En este estudio, se dividió a un total de 27 triatletas en dos grupos. Durante las primeras dos semanas, todos ellos entrenaron con normalidad, pero entre la segunda y la cuarta semana, el primero continuaba a ese ritmo, mientras que el segundo tenía una mayor carga de entrenamiento.

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Foto: Envato Elements

La quinta y la sexta semana, los dos grupos minimizaron la carga.

A lo largo de todo este tiempo, los investigadores controlaron la aptitud aeróbica, el estado de ánimo, la calidad del sueño y la incidencia de enfermedades.

Como resultados, nueve atletas del segundo grupo disminuyeron su capacidad aeróbica, a la vez que incrementó su fatiga.

La alta intensidad del ejercicio les había sobrepasado. Además, durante tres semanas de entrenamientos duros, su sueño también se vio afectado, en cuanto a calidad y tiempo.

Estos deportistas aumentaron incluso la tasa de infecciones de las vías respiratorias, como resfriados o dolores de garganta.

Cómo mejorar el descanso

Nuestras recomendaciones, como puedes ver en el vídeo que encabeza esta sección del artículo pasan por cambiar las rutinas tanto de entrenamiento como de descanso.

Si tienes la oportunidad de entrenar por la mañana, o al menos extender más el tiempo de descanso hasta irte a la cama, tendrás mucho camino ganado. Además, puedes aprovechar la opción de monitorización de sueño de tu reloj deportivo.

Y recuerda siempre que dormir mal significa que quizá podrías estar excediéndote en el entrenamiento y deberías reducir su intensidad.

De la misma manera, controla tu fatiga y tus niveles de estrés. Cuando te encuentres en momentos de estrés, evita entrenar a alta intensidad.

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