Foto: Orbea
/ Ciclismo / Tu primera vez con la grupeta

Tu primera vez con la grupeta

Que levante la mano aquel que no ha pasado una noche en vela a sabiendas que el día siguiente significaba su primera salida en “grupeta”. Sí, no me preguntes por qué, “grupeta”. Familiarizaros con los tecnicismos.

Suena el despertador bien temprano con la misma alarma que puse en el móvil cuando pidieron la penúltima cerveza calculando a la vez las horas que iba a dormir y de las que me estoy riendo mientras desayuno.

Lo reviso todo pensando qué llevarán los demás. ¿Hará frío?, ¿Saldrá luego el sol?. Y al sudar, luego, ¿qué me pongo?, ¿Me llevo el petate de la mili con todos los repuestos?, ¿Dónde lo meto todo?, ¿Irán muy rápido?. Total, que opto por llevarme más cosas de las habituales “por si acaso”, que no quiero caer de pardillo o fastidiar al resto en mi debut en la “gru-pe-ta”. Al menos, que vean que sé por dónde me ando.

Charla animada con los compis que conozco y presentaciones al resto. Me fijo en los detalles de sus bicis, en aquellas cosas que a mí me pueden ayudar a mejorar. A la vez acaricio mi “flaca” (tomar nota de las palabras que eso ayuda a parecer PRO), para que no se acompleje ante los aviones de dos ruedas que me rodean.

Dan especificaciones y adelante, allá voy repasando mentalmente cómo se desengancha uno las calas que, por vez primera, dejo de usar en solitario. Una compi se debe apiadar de mi cara y se coloca a mi lado, quizás porque tengo más pinta de excursionista que de triatleta, quizás para no quedar descolgado. Los nervios desaparecen. Es lo que suelo hacer, es lo que me gusta hacer y de paso me fijo en la forma de señalizar que tienen al resto de la “grupeta”  evitando posibles incidentes.

Cogemos carretera, ella a mi lado en la parte izquierda protegiéndome del tráfico y aleccionándome de cómo rodar en paralelo y pegado a otros.

ciclismo
Foto: lastampa.it

Al rato, recuerdo “el decálogo del ciclista”:  ¿Tiro yo?, ¿Relevo para que mi compañero descanse?. Aunque mirando mi media en el cuentakilómetros, dudo que sirva para algo que no sea vacilar.

Con los cruces, nos hemos dividido, así que opto por dejar de pensar, pedalear y disfrutar del momento mientras ambos apretamos para dar “caza” al resto. Eso sí, en silencio porque es difícil oír y hacerte entender en fila tragando todo bicho volador.

Llegada al punto sagrado para todo ciclista que se precie: El bar del pueblo donde reponer la energía gastada. La anécdota es que a pocos metros del refrigerio, me caigo de la bici delante de todos estando parado al no poder desengancharme a tiempo del pedal, (ojo novatos con esto). Desayunamos y conversamos antes de volver. Estoy feliz. Ellos son mi equipo, personas con los que compartes una pasión más profunda que ir a “montar en bici”.

ARTÍCULOS RELACIONADOS