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Alex Sánchez Palomero: "He dado mi mejor versión en el momento emocional más duro de mi vida"

El triatleta salmantino logró en Tokio su segunda medalla paralímpica. En Planeta Triatlón nos cuenta qué ha significado esta segunda presea después de cambiar de deporte.

Alejandro Sánchez Palomero decidió un día que quería reinventarse, que quería probar cosas distintas, así que dejó la natación y se volcó en un nuevo deporte: el triatlón. Ese viaje incierto que comenzó después de los juegos de 2012, ha llegado a destino: Alex ya tiene su medalla en triatlón.

"La sensación es de completa satisfacción y de mucha felicidad", resuelve el triatleta afincado en Mallorca. La carrera estaba muy abierta y quitando al francés Hanquiquant, había cinco o seis triatletas para dos dos medallas.

La estrategia de carrera, Alex la tenía clara: "jugué mi papel como quería y me salió bien". Todo pasaba por hacer una bicicleta dura y exigente para tener algo de rédito en la carrera a pie. "Apreté en la bicicleta todo lo que pude y me quité a los que quería quitarme", explica el Sánchez Palomero, que al final se jugó la medalla en la carrera a pie.

"El japonés me ganó porque fue mejor que yo", sin paños calientes, Alex mantiene que la carrera le dio un bronce y eso es lo valía su carrera. Sin embargo no es un bronce cualquiera, es su segundo bronce, trece años después del primero.

Dos medallas iguales pero con sabor muy distinto

La primera medalla de Alex fue en natación y la segunda ha sido en triatlón. "Son medallas muy diferentes, sobre todo tiene que ver con la madurez", nos cuenta desde el aeropuerto, a muy pocas horas de llegar a casa en Mallorca.

"En Pekín fue todo muy intenso, quería comerme el mundo y estaba desbordante de energía... tenía 21 años y ahí te crees que eres el dueño del mundo", describe sobre su primera experiencia paralímpica. Trece años después el cuerpo cambia y la forma de afrontar los impulsos, también.

"Con 35 años te vuelves más calculador e intentas manejar las emociones, son sensaciones diferentes", esta vez Alex tiene la sensación de haber sido más cerebral, el color de la medalla es el mismo pero no tanto el método.

Tampoco las carreras y el desarrollo de los deportes eran los mismos. "En Pekín salvo cosa extraña la medalla era mía, aquí me lo jugaba a una carta y podía quedar segundo o sexto", de ahí que el mérito de lograr subir al podio haya sido enorme.

En un momento personal duro

Para Alex Sánchez Palomero no ha sido fácil llegar a Tokio, en el camino ha tenido que cicatrizar heridas y situaciones personales muy duras. "El momento personal ha sido tan complicado que no sé si ha merecido la pena la medalla, pero es lo que me ha tocado vivir", admite con resignación y satisfacción a partes iguales.

En lo positivo, antes de viajar a Tokio hizo una apuesta con su hijo de dos años y ahora le va a tocar apechugar y cumplirla. "Mi rival me va a poner las cosas difíciles y creo que me va a tocar cumplir, pero bendito problema", bromea sobre el compromiso que adquirió de tener un perro si lograba la medalla.

"Le prometí a mi hijo que si conseguía medalla, tendría un perro, y tengo claro que no le voy a mentir ni le voy a fallar", concluye el discípulo de Iván Muñoz, que en breves va a tener que estar de parque en parque paseando al perro.

¿Próxima parada? El campeonato de Europa en Valencia, pero antes de volver al trabajo, Sánchez Palomero quiere disfrutar y celebrar el bronce con la gente que le ha apoyado.

"Por mi cabeza pasan muchas cosas... incluso probar otros deportes y otras disciplinas", eso sí, de reojo mira ya a París 2024.

Foto: Instagram // Alex Sánchez Palomero
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