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Talasofobia: ¿se puede ser triatleta teniendo miedo al mar?

No son pocos los triatletas que ven el nadar en aguas abiertas como un mal necesario: es la parte que menos disfrutan del triatlón e incluso la que menos entrenan, pero no pueden obviarla y hacer como si no existiera. Algunas veces este desagrado puede derivar de un miedo irracional al mar, o talasofobia.

Quizás te estés iniciando en mundo del triatlón y la idea de lanzarte de cabeza al océano no te guste demasiado. Incluso puede que seas ya un triatleta de larga trayectoria y un mal trago en pleno océano te haya hecho replantearte las cosas.

Sea cual sea el caso, aquí tienes una serie de consejos que pueden ayudarte a superar la talasofobia de cara a una competición de triatlón.

¿Cómo hacer frente a la talasofobia?

Las fobias son temores irracionales que pueden provocar reacciones tales como ansiedad o ataques de pánico.

Puede que no sepas distinguir la fobia del miedo normal y corriente, pero la talasofobia presenta una sintomatología que puede darte alguna pista: si sientes que se te acelera el pulso, te cuesta respirar, te mareas, sudas o incluso comienzas a experimentar dolores, lo más seguro es que sufras de talasofobia.

Si este tu caso, existen tratamientos psicológicos que pueden ayudarte a superarlo. Por otro lado, si tu miedo no es tan extremo, entonces quizás se trate de un temor más común.

En cualquier caso, hay una serie de cosas que puede hacer para ponerle coto a tu miedo al mar:

Entrena a nivel físico y a nivel mental

Un fallo muy común entre aquellos a los que no les gusta nadar es dedicarle muy poco tiempo a entrenar esta disciplina.

Para enfrentarse al mar abierto es fundamental nadar correctamente y confiar en tus capacidades físicas. Sí, el agua del mar es fuerte, pero tú, con un buen entrenamiento, podrás resistir sus acometidas sin problema.

Entrena tus patadas, tus brazadas, tus giros y tus entradas y salidas del agua. Entrena en la piscina primero y en el océano después, para que tu cuerpo se amolde a sus características y no llegues al día de la competición sin saber qué esperar.

Si donde vives no hay mar, puedes entrenar en un río o en un lago. Algunos triatletas y nadadores utilizan una máquina llamada ergómetro para mejorar su técnica de natación fuera del agua. No hay excusas para no entrenar.

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Familiarízate con el entorno y las sensaciones

Si te aterra el mar, quizás puedas empezar a familiarizarte con las sensaciones que acompañan al nado en una piscina.

Por ejemplo, puedes empezar comprobando que flotas en posición vertical primero, en una parte de la piscina en la que no hagas pie. Después, en posición horizontal. Después, puedes sumergirte y practicar cogiendo aire. A la hora de nadar, puedes cerrar los ojos mientras estás sumergido y abrirlos al coger aire, para acostumbrarte a la baja visibilidad del mar abierto.

Cuando te sientas preparado para salir al mar, empieza poco a poco. Empieza cerca de la orilla, notando cómo las olas te golpean, o juega un poco con los amigos y la familia para soltarte nadando, pero sin la presión de pensar constantemente en ello. Empieza a nadar en mar abierto, pero en la zona donde haces pie, para no sucumbir al miedo de no notar el fondo.

Poco a poco, ve asumiendo retos que pongan en jaque tus miedos y verás que pronto tendrás multitud de experiencias positivas en el agua que pueden hacer frente a las malas experiencias del pasado.

Entrena con amigos

La principal ventaja de entrenar con amigos es más que obvia: te lo pasarás bien, podrás mantener tu mente ocupada (y alejada de tus temores), y te sentirás seguro rodeado de gente de confianza que puede ayudarte si algo va mal.

Pero aún hay más: si entrenas con amigos, podrás acostumbrarte a nadar rodeado de gente, a seguir la estela de los otros en el agua y quizás hasta a llevarte alguna que otra patada, algo bastante común en las competiciones.

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Permítete tener miedo y luego confróntalo

Como ya hemos dicho, la talasofobia es un terror irracional y, como tal, está formada por un montón de pensamientos igual de irracionales sobre el mar: que está lleno de criaturas peligrosas, que podría atacarte un tiburón, que podrías hundirte...

No sirve de nada reprimir tus temores. Permítete tener miedo y luego llévale la contraria a la talasofobia utilizando datos comprobados: busca si hay tiburones en el lugar de la competición, comprueba que la prueba suele desarrollarse sin accidentes y recuerda cosas tan básicas como que la mayoría de las criaturas marinas no quieren hacerte ningún daño.

¿Tienes miedo a hundirte, a cansarte o a no poder terminar? Recuerda que sabes nadar perfectamente, que el cuerpo humano flota y que has entrenado esa distancia (e incluso mayores) decenas de veces. Tú puedes.

Divide la distancia total en medidas más pequeñas

A veces la meta puede parecer muy lejana, especialmente cuando el cansancio empieza a hacer mella y tu mente empieza con la cantinela de que no lo conseguirás.

En ese caso, una técnica muy útil es dividir la distancia que te separa de la meta en segmentos más pequeños. No pienses en lo que te queda por recorrer como un todo, en su lugar, céntrate en dar las siguiente cincuenta brazadas.

Cuando termines, céntrate en las siguientes cincuenta, y así hasta que llegues. De esta forma no parecerá un esfuerzo tan titánico.

Ten un plan preparado en caso de que te aborde la ansiedad

La ansiedad es una respuesta de huída de nuestro cuerpo, que se prepara ante un peligro. Pero cuando ese peligro no es real, y sobre todo si te aborda en medio de una competición, puede no ser la respuesta más útil.

Si te ves atrapado por la ansiedad y notas que empieza a faltarte el aire, date la vuelta y permítete flotar con la cara hacia arriba hasta que el nerviosismo se haya pasado.

Y si nada de esto funciona, recuerda que ahí fuera hay un montón de psicólogos con la preparación suficiente para ayudarte a superar la talasofobia.

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