Foto: Instagram Saleta Castro
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La Titan Desert de Saleta Castro y Víctor Benages: "Disfrutamos más cuando nos bajamos de la bici"

El pasado 10 de octubre Saleta Castro y Víctor Benages tomaban la salida de la primera etapa de la Titan Desert sin ser conscientes de lo que les esperaba por el camino.

La seis etapas por el desierto de Marruecos, con un total de 639 kilómetros y 7.649 metros de desnivel positivo, la convierten en una de las pruebas de MTB más duras del mundo. "El deporte, cuanto más duro mejor", afirmaba hace unos días. Pero, "una cosa es verlo en televisión y pensar 'qué chulo', y otra es vivirlo", asegura ahora Saleta Castro sobre la Titan Desert.

La odisea de la Titan Desert

La dureza la Titan Desert se cebó con Saleta Castro y Víctor Benages desde el primer momento. En las dos primera etapas, de 102 y 127 kms, la pareja de tuvo que enfrentarse a "puertos largos, bajadas duras, con curveo, piedras, arena que patinaba..." y el primer día pagó la novatada. "Fallamos como inexpertos e hinchamos más de la cuenta las ruedas; nos íbamos en todas las curvas", narra Saleta.

El segundo día la ayuda y los consejos de otros competidores y la asistencia hizo las cosas algo más fáciles. "Lo hicimos bastante bien, a pesar del sufrimiento y lo mal que lo pasé yo", cuenta la triatleta.

Y es que sin la ayuda de Víctor, hubiera sido mucho más duro. "Fueron seis horas de carrera y yo colapsé, nos quedamos totalmente solos y fue muy duro llegar a meta. Porque Víctor tuvo que tirar en todo momento y animarme a mí".

"Era un nivel de sufrimiento que no había vivido nunca"

Para Víctor la situación fue frustrante. "Era como si no estuviera haciendo nada", desliza el compañero de batallas de Saleta. "Me sentía muy mal, ver como ella sufría y yo le exigía fue duro".

Tras dos etapas de muchas, que quedan en carrera, eso sí, Saleta "se supo reinventar, llegar a meta y estar luchando el tercer o cuarto puesto todos los días".

"Llegábamos hundidos", reconoce Saleta. "Víctor quería ser competitivo pero veía que no podía". Por su parte, la deportista de 226ERS asegura haber estado casi al borde del desmallo, "porque era un nivel de sufrimiento que no había vivido nunca".

Saleta Castro Titan Desert
Foto: Instagram Saleta Castro

"Llegó un momento en el que estaba exhausto"

La tercera etapa fue "de transición", con 100 kilómetros más asequibles y llanos y donde la navegación empezó a tomar partido. "La gente empezaba a atajar y nosotros, que somos totalmente inexpertos, empezamos a formar nuestro grupito con los chicos con los que solíamos llegar todos los días", explica Saleta. La pareja no volvería a llegar a meta sola, pero el cansancio empezaba a hacer mella.

"Víctor estaba muy cansado de haber tirado de mí, yo psicológicamente también", apunta la deportista. "No éramos capaces de salir como el grupo que queríamos nosotros, que era el primer grupo de las chicas, pero sí éramos capaces de aguantar a uno o dos minutos de ellas", comenta Benages, que tras dos o tres horas a 200 metros de ellos, tirando sólo sin enganchar, "llegó un momento en el que estaba exhausto", confiesa el ciclista.

Los riesgos del desierto

La cuarta etapa, con 130 kilómetros, era más larga. "Para Víctor era una locura el pensar en tirar el sólo durante tantos kilómetros", comenta Castro. Así que la pareja trató de entrar en el grupo de cabeza con la ayuda de otros corredores. "Teníamos a más gente que rodaba con nosotros y nos colocamos bien".

Pero "entonces llegó la navegación de verdad" y los equipos fuertes, que tenían el mapa trabajado, empezaron a jugar sus cartas. "Se metían a izquierda cuando el recorrido era de frente", explica Saleta. Era momento de tomar una decisión: "irse detrás de ellos con la posibilidad de pinchar y quedarse tirado en tierra de nadie, o seguir el track y hacer 10 o 15 minutos más".

Saleta Castro Titan Desert
Foto: Instagram Saleta Castro

Una y no más, Santo Tomás. "Nos metimos con el KH7 y nos salió bien la jugada. Pero, cuando fuimos conscientes de lo arriesgado de la decisión, empezamos a tener respeto al desierto. Porque estábamos fuera del mapa y con gente que nos iba a esperar", cuenta la deportista.

Tras el mal rato, la pareja se quedó con un grupo de cinco corredores con los que llegó a meta. También tuvieron el momento de experimentar que era pasar por las dunas. "Víctor, que es más pesado, sufría más", apunta su pareja. Ambos pudieron salvar la etapa con la gente que les había ayudado ese día.

La ayuda de Joan Pedrero

La quinta y penúltima etapa volvía a poner a poner a prueba la navegación de los equipos. "Desierto puro duro y sólo teníamos los 15 primeros kilómetros y los 25 últimos, en una etapa de algo más de 100 kms", matiza Castro.

Con 65 kms de navegación libre las cosas no pintaban fácil: "puro desierto, dunas, arena, no había referencias, te encontrabas gente por todos lados" y la posibilidad de hasta acabar en suelo de Argelia si te desviabas.

Volvieron a cometer a error: "Nos colocamos muy atrás en la salida", quizá por el miedo o porque ya no merecía la pena sufrir tanto para un cuarto puesto al que parecía estar condenados.

Pero cuando las cosas iban mal apareció Joan Pedrero, este piloto de motos con 13 Dakar a sus espaldas fue el encargado de llevar a la pareja hasta meta. "Gracias a él conseguimos salvar la etapa", resuelve Saleta Castro.

"Iba recogiendo a ciclistas perdidos y uniéndolos en un gran grupo en el que llegamos a ser 50 participantes".

Para Víctor fue momento de desconectar de toda la presión y empezar a vivir la experiencia. "Con la orientación de Joan me desentendí de Saleta, no tuve que ayudarla. Fue el momento de reivindicar el cuarto puesto y descubrir la experiencia que hasta ese día no estamos disfrutando.

Víctor Benages al borde del abandono...hasta que llegó el tercer puesto

Tras un merecido homenaje a Joan en meta, promovido por el propio Víctor, este tomó la decisión de plantarse. "Petó y decidió que no salía al día siguiente, es muy competitivo y no entendía el deporte de esa forma ya", matiza Saleta.

Pero, de repente, algo lo cambió todo. "Alguien se acercó a mí y me dijo que íbamos terceros". Nada cuadraba hasta que la gallega supo los líderes se habían saltado un punto de control -con ellos unas 16 personas más-, y habían recibido una penalización de cinco horas.

Tras mucho revuelo y muchas reclamaciones, el tercer puesto era de la pareja, pero con muy poco margen. "En la última etapa había que salir a morir", asegura. Por delante tenían 74 kms con 600 de desnivel. "La más fácil y más llana, pero con muchos puntos de navegación".

Saleta Castro y Víctor Benages supieron aprovechar su ventaja. "Esa noche tuvimos charla con todos los que nos habían ayudado y todos lo que Víctor había ayudado". ¿El resultado? "La última etapa fue la más rápida de todas, la que más estuvimos en competición y la que más disfrutó Víctor", cuenta.

Por fin Víctor pudo disfrutar la Titan y sentir la competición. "Me vi en carrera, toda la gente se volcó con nosotros, nos ayudaron en todo". Si Saleta se quedaba en la Dunas, su pareja se bajaba a rescatarla y la gente la llevaba hasta el grupo. "Fue espectacular. Compañerismo, esfuerzo en grupo, formamos un equipo sin serlo y eso es lo que me llevo", afirma el valenciano, que hasta ese día no había disfrutado ni una sola etapa.

Un broche de oro

Finalmente todo el sufrimiento tuvo algo de recompensa. "Fue muy guay porque la gente no llevaba equipo y nosotros tampoco, pero lo formamos entre todos", apunta Castro. Aunque no quisieron arriesgar con atajos y prefirieron seguir el track, la decisión fue la correcta. "Perdimos algo de tiempo respecto a otros corredores, pero pudimos llegar con Ariadna Rodenas (ganadora de la Titan esta edición) y Ramona Gabriel (tercera en 2020 y 2021 y ganadora en 2016 y 2018)", dos grandes nombres de la Titan.

"Pude rodar con las mejores gracias a la gente que nos ayudó y estuvo con nosotros hasta el final", señala la campeona de IRONMAN Maastricht.

Saleta Castro Titan Desert
Foto: Instagram Saleta Castro

¿Lo mejor de la Titan? El postmeta

"Yo me llevo el postmeta, más allá del tema deportivo, disfrutamos más cuando nos bajamos de la bici", zanja Benages. Una opinión compartida por su pareja dentro y fuera de la competición. "Los campamentos, la cantidad de amigos que hicimos y nos acompañaron hasta el final es lo que nos llevamos de esta competición".

Como resumen final, advierten: "Es una experiencia única, pero no es para todo el mundo". Se puede ir, "pero preparándolo muy bien". No cometamos el error en la Titan Desert de Saleta Castro y Víctor Benages: "No estábamos preparados para una prueba de estas características y por eso sufrimos tanto".

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