Foto: Susan Lacke
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Volver a vivir y hacer triatlón después de una esclerosis múltiple

Felicia López estaba celebrando su 32 cumpleaños paseando por el monte cuando, de repente, dejó de ver el color verde. "Literalmente, estaba viendo un bosque gris", cuenta la protagonista de esta historia. Pero a esa edad uno se siente invencible y simplemente pensó en llamar al médico después del fin de semana.

En el camino de vuelta, Felicia se tropezó. Le dolía la cabeza y estaba caliente, muy, muy caliente. Eso fue un sábado. El martes, estaba totalmente ciega de su ojo izquierdo. Su pie y su mano derecha se estaban entumeciendo. Ya no se sentía invencible, y fue al hospital.

En 1999 fue diagnosticada de Esclerosis Múltiple

"Salí cinco horas después con un diagnóstico de Esclerosis Múltiple (EM)", dice López. "La resonancia magnética mostró múltiples lesiones en ambos hemisferios, lo que significaba que la enfermedad llevaba activa durante algún tiempo". El insoportable dolor de cabeza y la ceguera se debían a la inflamación del nervio óptico, un síntoma común de la enfermedad. Pero, como Felicia comprobaría más adelante, sus ojos no serían los únicos afectados.

"Mi primer neurólogo básicamente me dijo que eligiera una silla de ruedas. En ese momento, yo era bailarina. Hacía yoga. Caminé, anduve en bicicleta, nadé en mares y lagos - desarrollando una enfermedad que me me estaba paralizando las piernas, mi equilibrio y mi energía en un momento en el que mi juventud se hacía añicos".

La joven estaba destrozada y deprimida mientras intentaba ajustarse a su nueva normalidad con esclerosis múltiple. Desde el momento en que se le diagnosticó en 1999, las cosas empeoraron progresivamente a medida que las lesiones en su cerebro continuaron creciendo: "Tenía dificultad para caminar, a veces necesitaba una pared o alguien a quien agarrarme. He estado entumecida de pies a cabeza, he luchado con espasticidad muscular muy dolorosa en las piernas y generalmente vivía preguntándome cuándo iba ser la próxima vuelta de tuerca y quedaría incapacitada para siempre".

En 2013 llega la esperanza

En 2013, un especialista le ofreció a López una oportunidad y ser de las primeras en probar un nuevo medicamento, Tecfidera. En aquel momento acababa de ser aprobada como alternativa a los interferones inyectables y a las altas dosisde esteroides que López había recibido durante los últimos 14 años. Pensando que no tenía nada que perder, López se apuntó al nuevo tratamiento.

Al año de comenzar el tratamiento de Tecfidera, el cúmulo de lesiones cerebrales y de médula espinal disminuyó, y la fatiga que había experimentado desde su diagnóstico pareció disminuir. En dos años, empezaba a recuperar mejor equilibrio y estabilidad. Y lo que es más importante, tenía esperanza.

Un nuevo futuro llamado triatlón

"Comencé a soñar con el futuro otra vez. Para mí, vivir con esclerosis múltiple se había convertido en un ejercicio de esperar lo mejor y lo peor."

Un día, a los dos años de empezar su nuevo tratamiento, López se sintió muy bien, incluso demasiado bien. El sol brillaba y quería salir de casa. Se puso unas viejas zapatillas de deporte y decidió salir a correr, algo que no había hecho en años. "No fui lejos y iba rápido", dice López riendo, "Pero, ¿a quién le importa? ¡Estaba corriendo!" Ese septiembre, corrió su primera carrera (una local de 8 kilómetros) y comenzó a preguntarse qué más podía hacer. Un día, saliendo por la noche a tomar algo le hablaron de triatlón y supo que ese iba a ser su siguiente desafío. Se inscribió por primera vez en un triatlón olímpico en 2018 y desde entonces, no lo ha dejado.

Los síntomas de la enfermedad de Felicia han mejorado mucho, pero no han desaparecido por completo. La esclerosis múltiple es actualmente una enfermedad sin cura, y López, ahora con 52 años, debe tomar precauciones para evitar nuevo brotes. Se ha descubierto que el ejercicio aumenta la fuerza y el equilibrio, así como disminuye la espasticidad muscular relacionada con la Esclerosis Múltiple, pero también puede resultar contraproducente.

En el entrenamiento, López se mueve constantemente sobre una fina línea entre fortalecer su cuerpo sin pasarse. Su mayor preocupación durante el entrenamiento es controlar la temperatura. Un sistema nervioso afectado por la EM es como una lámpara con un cortocircuito; así como la luz parpadea y se apaga cuando un cable dañado se recalienta, el daño nervioso de López se agudiza cuando aumenta demasiado su temperatura. Para mantener la temperatura, lleva una bolsa de hidratación llena de hielo y entrena en interior cuando la temperatura supera los 26 grados celsius.

También requiere más tiempo de recuperación: "Puedo llevar una semana de entrenamiento de 6 días durante algunas semanas, luego necesito hacer una semana de entrenamiento de 4-5 días durante una semana o dos", explica López. "Así que en lugar del habitual ciclo de recuperación/entrenamiento de 3 a 1 semana, mi horario es más bien un ciclo de 2 a 1". Si no me recupero realmente, mi fatiga se vuelve crónica y no puedo hacer vida normal, y mucho menos entrenar". Su sistema inmunológico también está afectado, por lo que la recuperación es una parte crítica para mantener su salud.

A través del ensayo y error, sabe ya lo que funciona, y actualmente está entrenando para pasar de triatlones sprint y olímpicos a su primer triatlón de media distancia. En el futuro, dice que tal vez le gustaría probar un IRONMAN completo, pero ese no es su objetivo final.

Fuente: Triathlete

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